El teléfono cuelga moribundo del cable por el borde de la cama
Un olor a cerveza desvanecida invade la habitación
El humo de los cigarrillos, fríos y apagados ya hace horas,
Le dan al aire de la pieza una densidad rebanable
Y una lámina de luz ingresa al cuarto por las mal cerradas cortinas
En el suelo yacen ordenadamente en desorden diversos objetos
Dos zapatos, asimiles entre ellos, están a cada lado de un televisor roto
Media docena de botellas circunferencian a un monte de ropa en estado de fermentación
Huellas de fogatas, hechas por colillas o para combatir el frío, hacen ser al suelo un campo minado
A una persona no acostumbrada a tal orden, le costaría cruzar el cuarto en dos pies.
En el esquinado centro de la habitación corona un catre con algo que antaño fue un colchón
Le faltan dos zancas, reemplazadas por tarros de pintura, producto de noches de pasión
El colchón aún muestra vestigios de derrames de algún líquido
Y sobre la menoscabada cama, un individuo que combina perfectamente con el resto del cuarto
Las moscas los sobrevuelan como aves de rapiña sobre el cadáver del almuerzo
Y a su alrededor se hallan desvencijados libros. Kerouac, Benedetti y Tagore
Las ojeras le demarcan y demacran la cara con su paso furtivo y añoso
La incipiente barba le da un aspecto apesadumbrado (más todavía)
La ropa, convertida en harapos, lo transfiere a la categoría de lastimoso
Su cuerpo expele una mezcla de aromas agradable para pocos. Cerveza, sudor, semen y sangre
A pesar de estar profundamente dormido siente el peso de 20 toneladas sobre su cabeza
Y desconoce la existencia de sus extremidades, apaciguadas por la cebada fermentada
El grito de una pelea conyugal dos pisos más abajo lo despiertan de un sobresalto
Cual gigante en Lilliput intenta levantarse tras varios fallidos intentos
De una coceadura producto de un bostezo, Benedetti sale disparado contra la muralla
Dejando a su paso la habitación tal como lo dejaría una tormenta de nieve por las páginas.
No sin esfuerzo coge el teléfono y marca el número que había marcado toda la noche anterior
Escucha ansioso el agudo y molesto latir cardíaco de la línea telefónica
Y nuevamente suena, y otra vez, y otra vez, y otra vez… Nadie contestó
Tendría que seguir tomando cerveza y esperando a que su amiga quisiese contestar
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